¿Crédito educativo, una buena opción?

Escuchar la palabra “crédito” puede poner a temblar a muchas personas, sin embargo utilizarlo correctamente puede beneficiarnos de muchas maneras y para emplearlo es importante comenzar a construir un historial crediticio.

Difícilmente podemos hacernos de una tarjeta de crédito a tan corta edad, pues usualmente aún no contamos con referencias de ingresos que nos respalden. En algunas ocasiones las tiendas departamentales son quienes de manera más sencilla pueden otorgar una línea de crédito y es una buena forma de comenzar. Usualmente esta línea de crédito es muy pequeña pero funcionará como trampolín para que en algunos años podamos seguir avanzando en la construcción de un sano historial de crédito.

¿Por qué tomar un crédito educativo?

Chica pensando

Iniciar con un crédito educativo, financiamiento universitario, préstamo estudiantil o como prefieras llamarlo, te brinda la oportunidad por un lado de sacar adelante tus estudios pagando aproximadamente la mitad de tus colegiaturas y así es mucho más sencillo cubrir este gasto. Claro que pagarás intereses, es una realidad que todo crédito los cobra, sin embargo la idea es que al concluir tus estudios estés más preparado para el mundo laboral y así, al conseguir un empleo, podrás adelantar tus pagos con abono a capital y no tendrás que estar forzado a pagar en plazos largos, por otro lado si prefieres, puedes llevártela muy tranquila durante el plazo que hayas destinado. Siempre es tu decisión y posibilidades.

“A lo largo de su vida laboral un profesionista puede esperar ganar alrededor de $4.9 millones de pesos, un diferencial de 2 millones de pesos más que un bachiller que decidió no ir a la universidad”.

El crédito quedará a tu nombre aunque cuentes con un aval u obligado solidario, por lo que tus pagos puntuales te generarán un buen historial de crédito en el buró. En un futuro contar con este historial en orden te permitirá alcanzar tu primer crédito automotriz, si estás pensando en comprar un coche de agencia o préstamos personales y más adelante un crédito hipotecario.

La ventaja es que no nada más estás invirtiendo en tu educación, sino que estás adquiriendo herramientas para formar un futuro patrimonio.

Es importante al considerar tomar un crédito educativo no tener miedo a los tabús, sino informarse adecuadamente, analizar las posibilidades económicas, evaluar las universidades donde queremos estudiar y siempre tener presente que ¡el éxito lo construye uno mismo!

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